TIEMPOS VIENEN… TIEMPOS VAN
Por Elba Gómez

Así, como el título de una de sus canciones, una de tantas que compuso, comienza esta semblanza, al nombre de dicha melodía podrías agregársele la frase “tiempos llegan” y así, hace siete años llegó el tiempo, su tiempo, hablo del tiempo de un hombre en toda la extensión de la palabra, de Apolinar Gómez González, “Polín” como todos lo conocían.

A veces la vida nos regala con seres especiales, otras veces esa misma vida nos sorprende al darnos seres extraordinarios y uno de esos seres fue “Polín”, para quienes le conocimos y tuvimos el privilegio de tratarlo no podemos menos que agradecer al Creador que de vez en cuando mande a la tierra a personas como él. Hay una melodía que coincide con la idea antes expresada por quien esto escribe, precisamente esta melodía cuyo autor es el jalisciense Alberto Escobar y tiene por nombre “Coincidir” que dice en una de sus líneas “tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir”, en referencia a coincidencia en tiempo y espacio que nuestro personaje compartió con todos nosotros es que  ahora cobra vigencia la inspiración del autor.

Imposible sería enumerar las cualidades  de este personaje, una de esas cualidades era el saberse portador y conocedor de una herencia ancestral de sus antepasados, la cual portaba con todo el orgullo de los tepatitlenses bien nacidos, no por eso dejaba de ser un hombre de su tiempo, enterado de lo que pasaba en su entorno, con una aguda visión de los tiempos actuales que sólo una persona con la mente acuciosa que le caracterizaba podía conjuntar.

De más está decir que fue Polín un hombre recto, de una sola pieza, con los valores que le inculcaron sus padres y que respetó siempre, amable al trato con sus semejantes, solícito con los que nada tenían, fue también un hombre  agradecido con el Creador que lo colmó de dones y él a su vez los acogía con la sabia creencia que los había recibido para compartirlos.

Apolinar nació el 23 de julio de 1937 en el rancho El Puerto de las Palomas situado en el municipio de Tepatitlán, sus padres, Catarino Gómez Muñoz y María Isabel González Moreno, fue el segundo de siete hermanos, a los dieciséis años quedó huérfano de padre y así, en plena adolescencia hubo que abandonar la escuela y hacerse  cargo de su madre y hermanos, las faenas del campo y el compromiso de sacar adelante a la familia fueron la constante en esos años. Pasados unos años se casó con María Suárez y procreó nueve hijos.

De oficio peluquero, aunque sabía desempeñar otros, prefirió éste desde el cual podía desarrollar las demás aptitudes que se le dieron de una forma tan natural que no era de sorprenderse que nuestro personaje fuera un inspirado compositor y que varios cantantes grabaran  material discográfico de su autoría. También se le dio el don de poder curar el dolor de sus semejantes, siendo ésta en la modalidad  de “componedor” una especie de quiropráctico y sin temor a equivocarnos se podría decir  que superaba con creces a éstos tanto en conocimiento como en ética.

Quien tuvo la fortuna de visitar la peluquería de Polín recordará que se respiraba ahí un aire de tranquilidad, quizá por la buena disponibilidad de atender a la gente o por el hecho de admirar la especie de galería de arte que era esa peluquería, con el tema de caballos  ahí representados, había pinturas, litografías, dibujos y esculturas, sin dejar a un lado los calendarios de Helguera enmarcados y colgados en la pared, había también una foto importante, tan importante como fue la amistad de Polín con el entrañable amigo, la foto de Roberto González.

Fue un apasionado de la charrería y del toreo, conocedor de ambas materias y asistente asiduo a eventos de charrería y a corridas de toros.

Sin tener un preparación académica avanzada Polín era un erudito en diversas áreas, una de ellas el conocimiento de las leyes, podía dar cátedra desde Derecho Romano con todos su puntos hasta Derecho Civil, lo que le sirvió para aconsejar a quien solicitara de sus conocimientos en esa materia.

Inolvidables fueron las tardes en que se reunía con mi padre a jugar una partida de “paco”, era una delicia escucharlos mientras jugaban las cartas y fumaban esos cigarros de hoja de aroma tan agradable, hablaban de las correrías de sus años mozos utilizando un lenguaje de una riqueza ancestral propia de los dos viejos que de vez en cuando soltaban unos exabruptos que provocaban las carcajadas de quienes los escuchaban, por lo certero a quien iban dirigidas como por la propia aplicación de las hablas rurales alteñas.

Quizá polín no conociera a  Sócrates, Aristóteles o a Platón, pero sí compartía con éstos los principios de Filosofía como piedra angular al aplicar en todos los actos de su vida la ética y la lógica aún en las situaciones más sencillas que tuvo que resolver… Reflexionando desde esta perspectiva nos damos cuenta  cuán grande es el compromiso heredado no sólo a sus hijos sino a todos los que de alguna forma tuvimos trato con Apolinar.

El tiempo terminó para Polín el 19 de enero de 2007… ya hace siete años.